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El uso de juguetes sexuales

El uso de juguetes sexuales cada vez está más extendido. Cada vez más hombres, mujeres y parejas están incorporando juguetes sexuales en sus juegos sexuales. Y con razón: los juguetes sexuales pueden ser divertidos y pueden agregar una nueva capa a la vida sexual de alguien. Especialmente si se ha convertido en una rutina insignificante.

Algunos hombres, por supuesto, se resisten al uso de juguetes sexuales. Esto sucede por una variedad de razones. La preocupación de que usar juguetes sexuales los haga menos «hombres de verdad» es una de ellas. Lo cual está lejos de la verdad. Otra de las causas esgrimidas es que podrían darse problemas de salud por su uso. Generalmente no es un problema, siempre que se usen correctamente.

De esta manera, el uso de juguetes sexuales está más y más extendido. Es posible que el imaginario colectivo en este sentido, hace unos años, tirase por el uso de juguetes sexuales para mujeres. Sin embargo, gracias a este avance, a día de hoy, cualquiera que imagine a un adulto usando juguetes sexuales lo hace con mujeres, hombres o parejas. De forma totalmente indistinta.

Es innegable que la sociedad, al menos en los países desarrollados, avanza hacia una normalización generalizada del sexo. El respeto por la sexualidad individual es, a día de hoy, más avanzado de lo que nunca lo ha sido antes. Puede que ahí resida el secreto en la normalización que, de forma sistemática, se hace del uso de juguete sexuales. En este caso, sin discriminación por cuestiones de sexo.

El uso de los juguetes sexuales, como decimos, se ha venido extendiendo en nuestra sociedad. Este hecho esconde dos grandes realidades. El uso que se viene haciendo de los juguetes sexuales como forma de disfrute es uno de ellos. Sin embargo, no es el único. De hecho, el uso de juguetes sexuales por motivos de salud es cada vez más extendido.

Algo que debemos destacar y que puede haber tenido una decisiva influencia en este aumento espectacular de los juguetes sexuales es la enorme oferta de material que hay. Lo que hay que unir  a la posibilidad de discreta distribución que facilita el mundo online.

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