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Realidades sobre los preservativos

Hoy vamos a hablar de realidadaes. Son muchos los mitos que rodean a cualquier cosa relacionada con las relaciones sexuales. Se trata de historias que se han ido contando de generación en generación y que se han dado por ciertas cuando, en realidad, la mayoría no se sustentan en una base sólida. En cambio, hay algunas otras que sí que lo son. En concreto, sobre los preservativos se suelen contar un buen número de cosas que no resultan ser ciertas y otras que, a pesar de que podríamos llegar a considerarlos mitos infundados, sí que resulta ser ciertas. Vamos a adentrarnos en el mundo de las realidades sobre los preservativos.

La primera de las realidades es que los preservativos existen desde hace milenios. Lo  cierto es que la primera evidencia de un condón vino de una pintura en cueva de al menos 12 mil años. En la figura, un hombre y una mujer tienen sexo, y el órgano genital de él está cubierto.
También existen relatos de que en el Egipto antiguo, los hombres cubrían la punta del pene con un material de intestino o vejiga de animales que, por otro lado, se utilizan hasta hoy en la producción de los condones modernos.


Otra de las realidades sobre los preservativos es que es el único método de contracepción que también protege contra las ITS. A menos que quieraa, o seaa forzado por la falta de contactos, a practicar abstinencia, el condón es la mejor manera de evitar enfermedades de transmisión sexual. Por ejemplo, un estudio de 2006 muestra que entre jóvenes universitarios que usaban condones cada vez, no existía transmisión de enfermedades de transmisión sexual. Otra encuesta, de 2002, apunta que el uso consistente del preservativo reduce el riesgo de transmisión del VIH entre 80 y 94%.

Otras de las realidades sobre los preservativos es el material del que se realizan y sobre los tamaños. El material principal del condón es el látex. Algunas personas tienen alergia a este material, pero existen opciones en el mercado: los condones de poliuretano o poliisopreno. El tamaño no debe ser una excusa. Las pruebas demuestran que un condón puede ser inflado hasta el tamaño de una bola de baloncesto sin estallar. Es decir, nada de aquella historia de «el condón me duele».

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